miércoles, 30 de noviembre de 2016

Edvard Munch – Pintor Noruego

Edvard Munch – Nació en Løten, el 12 de diciembre de 1863 /  Skøyen, 23 de enero de 1944. Tuvo una infancia muy difícil, ya que su madre y su hermana murieron de tuberculosis  cuando él era muy joven, y su padre era un hombre dominado por obsesiones de tipo religioso que falleció en 1889. De todo ello surgió una personalidad conflictiva y un tanto desequilibrada, que él mismo consideraba la base de su genio.
En 1879 comienza la carrera de ingeniería,  pero unos años más tarde la deja para empezar su carrera artística que le abrió el camino al desarrollo del expresionismo,  hasta que en el año 1881 vende dos cuadros y pinta su primer autorretrato. El pintor naturalista noruego Christian Krohg fue un maestro esencial que en gran variedad de ocasiones corregía sus trabajos y le ayudaba a mejorar. Participó por primera vez en la exposición de otoño de Cristianía en Oslo donde estableció relaciones con el círculo de literatos y artistas de la capital.
En 1885 hizo el primero de sus numerosos viajes a París,  donde conoció los movimientos pictóricos más avanzados y se sintió especialmente atraído por el arte de Gauguin. No tardó en crear un estilo sumamente personal, basado en acentuar la fuerza expresiva de la línea, reducir las formas a su expresión más esquemática y hacer un uso simbólico, no naturalista, del color y de ahí su clasificación como pintor simbolista.  En su primera exposición individual con 110 cuadros en Oslo hizo que una parte del público lo aclamara con entusiasmo.
En el año 1890 la influencia del neoimpresionismo en sus obras fue muy notoria. Ese mismo año recibe su segunda beca estatal. Un año más tarde comenzó a desarrollar los motivos del Friso de la vida, ciclo pictórico que incluye muchas de sus obras más conocidas que en su conjunto pretenden dar una visión unitaria de la vida, dibuja ampliamente las memorias personales, incluyendo la devastadora pérdida de su madre, Laura Munch, y de su hermana favorita, Sophie.
Sus obras son como variaciones constantes sobre la gran sinfonía de la existencia humana en sus lados diurnos, pero aún más, como es congruente con la sensibilidad finisecular, en los nocturnos. El amor y el odio, el deseo y la angustia, las pasiones y las emociones, son elevados a arquetipos de la vida anímica del hombre moderno o, incluso, de la propia condición humana.
El pintor decía de sí mismo que, del mismo modo que Leonardo da Vinci  había estudiado la anatomía humana y diseccionado cuerpos, él intentaba diseccionar almas. Por ello, los temas más frecuentes en su obra fueron los relacionados con los sentimientos y las tragedias humanas, como la soledad, la melancolía, la angustia, la muerte y el erotismo.   Se le considera precursor del expresionismo,  por la fuerte expresividad de los rostros y las actitudes de sus figuras, además del mejor pintor noruego de todos los tiempos.
El grito, realizado en 1893, fue una de sus obras más importantes, la idea de esta obra va surgiendo despacio. En 1892 apunta:
Iba por la calle con dos amigos cuando el sol se puso. De repente, el cielo se tornó rojo sangre y percibí un estremecimiento de tristeza. Un dolor desgarrador en el pecho. Me detuve; me apoyé en la barandilla, preso de una fatiga mortal. Lenguas de fuego como sangre cubrían el fiordo negro y azulado y la ciudad. Mis amigos siguieron andando y yo me quedé allí, temblando de miedo. Y oí que un grito interminable atravesaba la naturaleza.
En 1930 se le hace casi imposible trabajar, tuvo una mala época como pintor, pues el gobierno nacionalsocialista  confiscó 82 cuadros suyos de los museos alemanes. Sus pinturas fueron consideradas como “degeneradas”. La mayoría de sus cuadros plasmaban la muerte o temas que en aquella época resultaban muy polémicos.
En 1940 con la invasión del régimen Nazi a Noruega invasión del  le retiraron muchos de sus cuadros de las galerías de arte porque pensaban que escandalizaban a sus visitantes. Munch no quería tener ningún tipo de relación con los invasores, ya que le consideraban un demente. Durante la Segunda Guerra Mundial, se hace mundialmente famoso y expone por primera vez en 1942 en Nueva York. Con motivo de su 80 cumpleaños es objeto de grandes homenajes. A pesar de su mal estado, en el que sufre continuamente resfriados, acude a todos ellos con gran honor. Murió en su hacienda autosuficiente de Ekely, en Skøyen, en las afueras de Oslo. Lo hizo tal y como había vivido: completamente solo.





































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